4 feb. 2013

Esa incertidumbre que se siente igual al frio de la boca de un revolver lamiendo mi frente

Que rápido pasan tres meses, como noventa y dos pedazos de escamas que dejo algún reptil en un aparador esperando ser comprado por un niño bobo, solo para morir a los tres días a causa del perro de la casa. Que lento pasa el rencor que me mastica en el estómago, el antónimo de las mariposas; sanguijuelas mordelonas, que me chupan lentamente y que sueñan con tomarme, comerme todo y cambiar los guiones, para que ellas controlen la carne mientras que yo les chupo la panza. Que tan lejos se alejan los corazones, en especial el mío que tiene clavado una de esas puntas vulgares, que lo embarra contra el camino y que mientras más se aleja, más quiebra la costra, y al final con cayos se da cuenta que ya no siente las texturas de sus momentos. Que tan cerca estoy del piso, que siento su palma recta y fría en la espalda, recordándome que algún día sobre su ser me harán un hoyo, me sembraran y me quedare solito, esperando con un traje negro a los gusanos, que al llegar me llenarán de besos hasta que mi todo se agote y ya no haya nada. Hoy llueve en mi casa.